sábado, 20 de noviembre de 2010

CAPITULO 8

Nunca pensé que podría llegar a correr tanto. Sí, me había escapado de los brazos de Raúl. En este instante no podía empezar una nueva relación. Estaba completamente hundida, pero bien bien hundida. No sabía el porque de ello. Me giré medio segundo, vi como Raúl se levantaba de aquel césped verde con cara de decepción. Creo que le había fallado y mucho. Frené el paso. No sabía donde ir, no tenía una amiga ni a nadie a quien poder contarle lo que me estaba pasando.Pensé que la indica podría ser mi abuela. Pegué dos toques a la puerta. Tardaron en abrir.
Apereció el rostro de mi abuela. Me tiré a sus brazos y le di un gran abrazo, es lo que más necesita en este momento.
-ABUELA!- Dije mientras apretujaba a mi querida abuela.
-Hola tesoro.
Mi abuela se dirigió hacia el salón y yo la seguí.
-Cielo, sientate aquí conmigo- dijo mi abuela, mientras daba unas palmadas a un sillón para indicar que me sentará en el.
Así lo hice, me senté en el.
-¿Como estas Alicia?- pregunto mi abuela con mucha dulzura, mientras me daba un beso en la frente.
-No muy bien abuela, estoy hundida, muy hundida- dije a mi abuela que puso cara de tristeza.
Miré de reojo al sillón de mi derecha, pude ver una maleta negra. Me asusté.
-Abuela, ¿de quién es esa maleta negra?- dije muy preocupada, mientras me levantaba del sillón e iba a señalarla.
-Pues es de un chico del pueblo... que ya me ha dicho tu abuelo que os conocéis.-dijo con una amplia sonrisa.
-¿Un chico del pueblo, que yo conozco?-dije mientras señalaba la maleta, y pensaba quien podría ser.
Me vino de repente la imagen de Raúl, pegué un grito.
-¡Oh no! Abuela, no me digas que la maleta es de ¡¿Raúl!?- dijo mientras me ponía las manos en la boca para poder callarme.
-¡Bingo! Sí la maleta es de Raúl, un joven chico del pueblo.- dijo mi abuela.
-¿Pero abuela a que viene con una maleta aquí?
-Pues a que va a ser Alicia, a vivir.
-¿A VIVIR?- sobresalté esas dos palabras como si la vida me fuera en ello.
-Si si, a vivir. Es que su familia está en la ruina, y sus padres son unos grandes amigos que conocemos tu abuelo y yo, desde que ibamos al colegio.
-¿Su familia arruinada?
-Si tesoro, si. A muchas familia de este pueblo les esta pasando desgraciadamente.
-¿Pero Raúl no era el director del colegio del pueblo?- dije esperanzada por la respuesta.
-Pues si, pero eso no es lo único que importa, muchos niños que nacen en este pueblo, se van a la ciudad para tener un educación mejor, y los que se quedan casi ninguno estudia nada importante. Entonces todo los profesores que habían se han ido, ya que no tienen a quien dar clase.
-¿Y que ha pasado con el colegio?- pregunté interrumpiendo a mi abuela.
-Pues que van ha hacer Alicia, la única posibilidad que tienen es cerrarlo.
-¿Como van a cerrar el único centro de educación que hay en este pueblo?
-Pues si, lo van ha hacer aunque todos lo veamos mal- dijo mi abuela preocupada por lo que podria pasar- ya la única gente que queda en el pueblo, es la de nuestra edad.
-Eso es injusto, abuela. No puedo permitir que lo cierren, yo soy profesora podría ayudar en algo, ¿no?
-No losé Alicia, no losé.

En este instante tenía la esperanza de poder hacer algo con mi vida. De ayudar a que no cerrarán un colegio, ya que es un centro de educación y es muy injusto que lo cierren, solo porque la gente quiera irse a la ciudad y lo que se quedan no quieran estudiar nada más importante que cultivar en sus tierras como sus padres.
-¿Bueno Alicia, te pasaba algo cuando has venido?- dijo mi abuela, bajándome de mi nube.
-Pues desgraciadamente si, si que me pasa.-dije mientras mi abuela me cogió de la mano, como solía hacer cuando yo era pequeña para calmarme.
-¿Mal de amores?
-Has acertado.
-¿Quién es?-dijo.
-Pues es.........Raúl.
-¿Raúl? ¿El del pueblo?- dijo mi abuela asombrada.
-Si abuela, ¿que otro Raúl conocemos?
-Ah vale vale.
-En dos dias que nos conocemos, me ha dicho que le gusto mucho.- hize una pausa para ver la reacción de mi abuela. Como ya me lo temía su reacción, fue de preocupación ya que supongo que mi abuela sabia que aquel chico era muy mujeriego-Y nada, le he estado contando que yo no puedo enamorarme de una persona solo por palabras bonitas, que necesito hechos. Yo le he contando "mi historia".
-¿¡Tú historia!?- exclamó mi abuela, que no me dejo terminar la frase.
-Sí abuela, mi historia de Carlos.
-Carlos....- suspiró mi abuela en tono bajo.
-Pues para demostrarme algo, me beso.
-¿Te beso?- preguntó mi abuela en tono de mucha curiosidad.
-Si... pero me fui corriendo y vine a que tu me intentarás aconsejar.
-¿Y que quieras que te diga?- preguntó mi abuela, preocupada ya que no sabía que decirme.
-Tesoro, no te puedo decir que todo va a salir bien. Solo te puedo decir que intentas guiarte por tu corazón el te ayudará a saber que hacer.
-Pero es difícil saber lo que me dice.
-¿Tú, que sientes Alicia?
-Pues que tengo que ir a por el.- dije dándole un abrazo a mi abuela.
-Pues entonces hazlo.
-¿Y Carlos?
-Tesoro, ya sabes lo que ha pasado con Carlos, si estuviera aquí te diría que fueras feliz, es mas el quiere que tu seas feliz. Fíjate como era el antes de estar contigo.
-Losé abuela, losé. Era un drogadicto.
-Sí, pero tu lo ayudaste a salir de aquello ¿O ya no te acuerdas?-dijo mi abuela apoyandome.
-Claro que me acuerdo- dije mientras mis ojos se llenaban de lágrimas.

Pensé que podía hacer, mi corazón decía que le buscará, que le quisiera. Pero mi mente, decía lo contrario.
Mi abuela me hecho aquella mirada como intentado decir: "Tú ya sabes lo que yo pienso, HAZLO".

Así fue me levante del sillón, y me fui a la entrada, cogí me abrigo. Antes de salir de la casa de mi abuela, giré la cabeza y mi mirada fue hacia a mi abuela. Parecía orgullosa de mi. E hizo que siguiera adelante.
Salí de la cara, corrí.
Pensé donde se podría encontrar en ese momento Raúl. Ya lo sabía, EN EL SITIO DONDE NOS HABÍAMOS CONOCIDO. Efectivamente allí estaba, dando vueltas por la pequeña plaza.
Fui sigilosamente hacia él, tapé sus ojos con mis manos. Se sobresaltó.
-¿Alicia?-dijo Raúl, con tono de esperanza.
¿Y quien sino?-dije, mientras le destapaba los ojos.
Se giró, me miró, y nos besamos. Fue el mejor beso que me había dado nadie en esta vida. Se separó un poco de mi, me toco el pelo, y me dijo.
-Aquí empieza una bonita relación- dijo.
-Te quiero- estas palabras salieron de mi boca.




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