martes, 2 de noviembre de 2010

CAPITULO 3

-Hola, ¿me podrías indicar donde esta la salida del pueblo?- dijo una voz que no conocía de nada.
Esta frase fue la que me despertó de mi sueño, si, de mi sueño, estaba sentada en el banco de la plaza, media dormida, mientras me daba el sol en la cara, y oía el agua de la pequeña y antigua fuente.
-La verdad es que no se donde es, llevo muy poco en este pueblo, siento no poder ayudarte- dije intentando ser amable, mientras le miraba a los ojos.
-No pasa nada, gracias de todas formas...- dijo el joven.
Se dio media vuelta, y volvió por donde habia venido. Pensé en visitar a mis abuelos, vivían un poco lejos, tendría que coger el autobus, pero no me importaba lo importante, era que, tenia mucha gana de verlos.
Directamente y sin pensarmelo dos veces, fui a la parada del autobús, que estaba muy cerca, ya que el pueblo se podria decir que era pequeño, muy pequeño.
No sabía ni que autobus coger, ni la parada en la que tenía que bajar, pero aun asi, me subí en el primer autobus, que llegó a la parada. Paré en una parada, en la que había una calle que me sonaba mucho. La verdad, no sabia bien donde estaba. Llamé a casa de mis abuelos, para  avisar de que iba para alla. No me lo cogian. Yo seguí mi camino. Pase por una plaza, que creo que ya la habia pasado unas mil veces, en la cual habia unos bancos, y en uno de ellos, estaba sentado un chico supongo que seria de mi edad, que me miraba cada vez que pasaba por la plaza, una y otra vez.
Supongo, que a las décima, o novena, vez que pase, el se levantó y se aproximó hacia ami.
-Hola, ¿quieres que te ayude?- dijo con tono sabelotodo.
-Hola.. esto, no no hace falta- dije con tono de enfadada, la verdad no tenia ganas de hablar con nadie desconocido, y menos con un chulito.
-Ah bueno, lo siento, como te veia un poco perdida, pensé que podría ayudarte- dijo con una sonrisa en la cara.
-Pues creo que pensaste mal, yo no estoy perdida, solo un poco desorientada.- dije firmemente.
-¿Y "perdida y "desorientada", no es lo mismo?- dijo mirando a los ojos, con aquella sonrisa picarona que me estaba sacando de quicio.
-No, no es lo mismo... al menos para mi, no lo es -dije cortándole el rollo.
-Bueno, bueno, no te enfades, solo quería ayudar- dijo.
Me di media vuelta, y mee fui, otra vez por la misma calle, pero aquel chico me estaba siguiendo. Aceleré el paso, para perderle. Pero no lo conseguí, seguía detrás mía. A lo lejos, vi una sombra, que se parecia mucho a...
-ABUELO!- dije mientras corria hacia el.
-Mi preciosa nieta!-dijo.
-Hola abuelo, vengo a visitaros, ¿ya sabes que estoy viviendo en el pueblo de al lado, no?
-Si, ya me lo dijo  tu madre, ayer.
-Pues vamos a ver a la abuela.- dije mientras le abrazaba.
El chico seguia mirandonos, y me abuelo de repente dijo:
-Raúl! Ven a comer, con mi nieta, y con mi esposa, a mi casa.
Me quedé alucinada, en realidad, mas que alucinada...
-Abuelo? Le conoces?
-Claro que si, cariño, es el hijo, de un gran amigo mio, del pueblo. Hace muchos años que conozco a sus padres, ibamos juntos al colegio del pueblo.
Ese tal "Raúl" se acercaba a nosotros, y yo estaba que echaba chipas. Saludó a mi abuelo, y a mi me miró con una mirada misteriosa.
-Te lo presento Alicia, el es Raúl, y esta es mi nieta Alicia- dijo mi abuelo Paco, mientras me besaba la frente.
-Ya la conozco, Paco, la acabo de conocer en la plaza, como pensé que estaba un poco perdida, ya que paso por el mismo sitio unas diez veces... pues intenté ayudarla, pero me parece que no le sentó muy bien mi ayuda- dijo Raúl.
-Ayy que genio y que despiste que tiene mi querida nieta- dijo mi abuelo riendose a carcajadas.
Mientras ellos dos se reian, a mi no me hacía ninguna gracia, se estaban riendo de mi...aunque no me enfadé con ellos, por lo menos con mi abuelo no, sabia que el no lo hacia con mala intencion. En cambio con Raúl, no me sentó tan bien. Fuimos andado, y entramos por la enorme puerta, de la casa de mis abuelos.
Sentí aquel frío que sentias, por ejemplo, cuando entrabas a una iglesia, esa sensación de fresco, pero que es agradable. Nos sentamos alrededor de la mesa, mientras, Raúl no me quitaba ojo. Me sentía observada, aunque me gustaba.

No hay comentarios:

Publicar un comentario