viernes, 29 de octubre de 2010

CAPITULO 2

El cantar de los pájaros, los indefensos rayos del sol, el ruido de las hojas de los árboles... todo esto, contemple mientras desayunaba en la pequeña terraza, la de la noche anterior. Todo parecía diferente, sería porque vine muy tarde anoche, y con la oscuridad no se podía apreciar, las maravillosas vistas de la terraza.
Estaba en el pequeño pueblo de Cenes, en Granada. No había mencionado ni mi nombre ni mi edad, tengo 24 años, y me llamo Alicia, si Alicia García. No era una chica de gran físico, pero la gente decía que tenía un buen corazón, aunque no me lo llegaba a creer mucho. Acaba de venir de la gran ciudad de Alicante, no era un ciudad que me entusiasmará, pero bueno era la ciudad donde nací, mi ciudad. Aún no puedo contar el porque, de mi cambio de un ciudad a un pequeño pueblo de Granada. Desayunaba una tostada con mantequilla, y un vaso de zumo de naranja. No era una chica de desayunar mucho, a esas horas de la mañana, casi nunca, tenía hambre aunque, debía comer, durante el mes tan duro, había adelgazado 8 kilos, y según mi madre, ya estaba en los huesos. El zumo de naraja, ya me lo tomaba por costumbre, mi madre desde hace unos cuantos años habia hecho que me lo tomase todas las mañanas, ya que, la vitamina C, era muy importante. Como vereis, mi madre me cuidaba y quería mucho, si, por lo menos tenía alguno bueno en mi vida, mi madre. Desde pequeña me enseñó muchos valores, por eso tal vez, en este momento este saliendo adelante. Había estudiado la carrera de magisterio, no era uno de las que más me apasionaba, pero me gustaba poder enseñar a las nuevas generaciones. La verdad no había ni pedido plaza para el pueblo, por lo que seguramente me quedaría sin trabajo, un temporadita. Ese pensamiento, no me hizo bien. Recogí y llevé toda a la cocina, la casa no era muy grande, era de mi bisabuela, si, tenia muchos años, pero bueno en tiempos anteriores, la habíamos arreglado unas cuentas veces, sino ahora mismo estaría derrumbandose. Os explicaré como era la casa, cuando entrabas, había un pequeño pasillo y a mano izquierda estaba la cocina, era grande, como me gustaban a mi las cocinas. Después por el pasillo a mano derecha, tenías un pequeño aseo, al final del pasillo estaba el comedor, que como sabréis ya, que tenía la terraza. Del comedor, salia un pasillo, que estaba por la izquierda, que tenia dos habitaciones, una era la mía, y la otra me la puse como despacho, para poder trabajar augusto, aunque podría haber puesto alguna cama y haber hecho otra habitación para invitados, pero creí mejor querrá hacer un despacho, mi nuevo despacho.
Dentro de  mi habitación, había poco mueblaría, solo una cama como un cabecero un baúl a los pies de la cama, dos mesitas de noche, una mía, y la otra estaba vacía, un armario antiquísimo, y una gran ventana, con hermosas vistas.
Pensé que sería bueno, vestirme, y darme una vuelta por el pueblo, ya que como dije anoche,que hacia mas de 7 años que no venía por aquí. Y eso hice, me vestí con lo primero que pillé de mi maleta, ya que aun no había colocado todas mis cosas; y salí por la puerta, mientras cogía del perchero mi chaqueta, y mis llaves.
Era casi invierno, faltaban cerca de 2 semanas, para que llegase la deseadas fiestas por todos lo niños, las de Navidad, unas fiestas que son familiares, y acogedoras, aunque creo que yo este año por mi desgracia no pasaré unas muy buenas navidades. Caminaba por la pequeña cuesta, pero que era alta, hacia la plaza mayor del pueblo. La gente me saludaba cordialmente:
-Buenos días, señorita - me decían unas viejecitas sonriendome que estaban sentadas en el portal de una casa.
- Buenos días- dije yo, devolviéndoles la sonrisa.
Seguí caminando... ya me empezaba a gustar este pueblo, ese ambiente familia que te acoge nada más llegar. En un día este pueblo, hizo que me sintiera como en mi casa.

CAPITULO 1

Mientras miraba al cielo, andé hacia mi camino. En la oscuridad escuchaba una y otra vez su voz. No podía imaginarme una vida sin él... Estaba triste y decepciona al mismo tiempo. Se había ido, sí, para siempre.. no sabía ni que hacer, ni que decir, si llorar, o reír; lo único que sabía es que iba a sufrir mucho.
Llegué por la oscuridad, a la pequeña casa del pueblo. Pasé el jardín, y saque las llaves de mi bolso. Entré con la cara llena de lágrimas, y mirando hacia el suelo. Miré hacia arriba, y apreté al interruptor de la luz. No me acordaba de la casa , es mas, hacia más de 7 años que no venía por aquí. Estaba en Granada, si, como no, el lugar de mis sueños. Salí a la terraza del comedor, y me senté en el pequeño balancin, que había, me recordó cuando venia aquí con mi familia, a pasar las fiestas. Venía de frente un aire frío, pero reconfortable , de esos que te ayudan a despejarte, y que te animan a seguir. En ese momento sonó, un ruido, el ruido del teléfono de la casa, puff sonaba antiquísimo. Contesté:
-Dígame.
-Hola cariño, soy yo.
-Hola mamá, ¿como estas?
-Eso te lo debería de haber preguntando yo, hija mía.
-No te preocupes mamá estoy mejor, ya veras como me recuperó. Solo son unas pequeñas rozaduras, y la muñeca rota... -dije con voz dulce, para poder animar a mi madre.
-¿Como que no me preocupe hija? Acabas de pasar el peor momento de tu vida, ¿y dices que no me preocupe? -dijo angustiada
- Bueno mamá, prefiero no hablar del tema- dije mientras caía una lágrima por mi mejilla.
-Bueno, vale, acuerdate que si quieres algo puedes ir a casa de los abuelos, te pilla muy cerca.
-Ya losé mamá, no te preocupes.
-Vale cariño, cuidate mucho, adiós- dijo con tono cariñoso.
Colgué el teléfono. Me quité los zapatos, y los deje por medio del salón. El desorden es uno de mis muchos defectos. Caminé descalza hacía mi habitación, allí me quité mi ropa, y me puse mi pijama. Me tiré hacia la cama, estaba rendida, me dormí mientras pensaba en todo lo que me sucedió en un mes atrás, aquel desastre que arruinó mi vida por completo. Me quedé dormida en seguida, el viento que azotaba mis cabello castaños, el olor a madera recién quemada, el ruido de los árboles, a causa del viento, también fueron los que me ayudaron a dormirme. La luna llena, estaba puesta en aquel cielo oscuro negro, con las estrellas, que brillaban como pequeños diamantes. A partir de aquí empezaba un nuevo camino, un nuevo destino...