lunes, 22 de noviembre de 2010

CAPITULO 9

Aquella sensación que hemos sentido todas las personas cuando hemos estado enomorados, las mariposas en la tripa, fue lo que sentí yo en ese instante. Raúl tenía su frente apoyada en la mía, y me estaba dedicando una preciosa sonrisa, mientras me acariciaba el pelo y me decía muy bajito al oido que me quería.
-Sabes que te quiero ¿no,pequeña?-dijo Raúl con tono dulce, mientras me cogía de la cintura y me daba besos por el cuello.
-Eso espero, cariño.- le dije mientras le agarraba sus manos mientras las tenia posadas en mi cintura.

No podía creer lo que estaba pasando. Después de haber vivido un relación dura, y de haber tenido mucha soledad, por fin habia encontrado a alguien que me diera amor. Ese amor, que me faltaba para poder ser feliz.
-Por cierto-dije mientras me daba la vuelta para poder mirar a los ojos a Raúl- Ya me he enterado de que empiezas a vivir en casa de mis abuelos ¿no?.
-Sí es verdad, todo ha sido muy repentino.-dijo Raúl, mientras me guiaba al banco de la plaza para poder sentarnos.
-¿Qué le ha pasado a tu familia, cariño?-dije mientras nos sentábamos y Raúl me cogía de la mano.
-Nos hemos arruinado, Alicia. Yo era el director del colegio de este pueblo, todo iba bien hasta que la gente joven empezaba a irse a la ciudad ya que alli habia una educacion mejor. Y ahora van a cerrar el colegio ya que nos hemos quedado sin profesores y sin alumnos. Yo era feliz siendo el director del colegio ¿sabes?-dijo Raúl con pena en la cara.
-No hables en pasado Raúl. Sigues siendo el director del colegio del pueblo. ¿Que te faltan, profesores y alumnos? Pues no te peocupes, porque aquí tienes una chica que esta dispuesta a ser una de las profesoras. Y no te preocupes por lo alumnos ya veras como si que habrán- dije mientras le dedicaba una amplia sonrisa a Raúl.
-¿En serio, pequeña?- dijo Raúl boquiabierto.
-Claro que si, mi amor- contesté mientras le daba un tierno beso en los labios a Raúl.-Yo por ti hago lo que sea, eso nunca lo dudes.

Estaba feliz. Sí, esa es la palabra correcta para definir como estaba ahora mismo FELIZ.
-Cariño, me parece que me voy a tener que ir yendo a mi casa se me ha hecho completamente de noche- dije mientras me levantaba del banco.
-¿Ya te vas?-dijo Raúl-No quiero que te vayas ya, amor.
-Me tengo que ir, no aperezco por mi casa en todo el día.
-Pero si ni siquiera hemos cenado- contestó Raúl con aquella sonrisa picarona tan sexy y mientras me hacia cosquillas.
-No pasa nada, ya cenaré algo en mi casa.- dije entre risas ya que Raúl no paraba de hacerme cosquillas.
-Bueno, bueno vale te dejaré marchar. Pero antes déjame que te acompañe en coche hasta tu casa,¿vale?-dijo Raúl, mientras me cogía de la mano.
-No.. no hace falta, en serio.
-Nonono, tu te vienes en coche conmigo, que sino me enfado ¿eh?- dijo en tono burlón.
-Bueno, si insistes acepto.
-Perfectos, vamos.

Andábamos por una calle estrecha del pueblo, mientras íbamos cogidos de la mano. Cada dos por tres Raúl se paraba y me daba un beso suavemente. Yo me sentía como una princesa en un cuento de hadas.
Llegamos a la cochera, donde estaba aparcado el coche de Raúl. Como ya me temía el coche no era una gran cosa, era amplio pero bastante antiguo comparado con los de hoy en día.

-Bueno, aquí es Raúl- dije mientras Raúl frenaba el coche.
-Bonita casa- contestó Raúl señalando la casa de la izquierda por el cristal del coche.
-Si, es antigua. Pertenecía a mis tatarabuelos.
-Se nota, es una preciosidad de casa. Hacia tiempo que no veía una así.
-Bueno... ¿qué te parece si, mañana me recoges aquí y nos vamos juntos al colegio?-dije sonriendo.
-Me parece genial- me dio un beso.

Salí del coche, cerré la puerta y Raúl se fue. Yo busque en mi bolso las llaves de mi portal. Abrí, y entre.
Por fin estaba en casa, había sido un día duro pero bonito. Me quité los zapatos y los deje en la entrada, me acerque al sofá y me senté en el. Recapitulé todo el día de hoy. Por la mañana me había llamado mi... MADRE! Madre mía ¿¡Como se me había podido olvidar el tema de mi madre?!

Me levanté corriendo, cogí el teléfono y marque unas teclas ágilmente.
-¿Digame?- contesto mi madre.
-Hola mamá. Perdón por no haberte llamado antes, he tenido un día largo y no he tenido tiempo.
-No pasa nada cielo.
-No mamá, si que pasa-dije interrumpiendo a mi madre- Tu estas como estas, y a mi se me olvida llamarte. No es justo, lo siento mucho.
-No en serio, no pasa nada. Tampoco podría haber estado hablando contigo todo el día, y viéndote sufrir por mi, cariño.
-¿Como estás?-dije.
-Pues no muy bien, me cuesta respirar.

Una gota se deslizo por mi mejilla izquierda.
-Mamá, ¿cuándo empiezas la quimioterapia?- dije entre sollozos.
-Pues en una semana, pero tengo mucho miedo hija.-dijo llorando.
-No mamá por favor no llores, ya veras como todo sale bien. Yo voy a estar ahí apoyandote en todo ¿vale?
-Vale hija, eres demasiado buena. Bueno tengo que colgarte, tengo otra llamada-  dijo intentado animarme.
-Losé mamá. Pero por favor, cuidate.
-Si, Te quiero hija. -contestó mi madre, mientras colgaba.

Pensé que no podía dejar a mi madre, así como estaba. Tenía que ir con ella cuando empezará la quimioterapia. Va a ser muy  duro para ella, y la tengo que acompañar en esto, no puedo dejarla sola.
Sonó mi móvil. Era Raúl.
-¿Si?.
-Soy yo, amor.
-Hola...- contesté entre lágrimas.
-¿Qué te pasa, pequeña? ¿Por qué lloras?- dijo asustado Raúl.
-Mi madre... empieza la quimioterapia en una semana y... esta sola. Y yo estoy aquí. No se que hacer, no la puedo dejar sola, y menos en la primera sesión.
-No te preocupes cariño, iremos allí juntos ¿vale?

La palabra "juntos", hizo que me dieran esperanzas para seguir adelante.
-Gracias cariño... Te quiero mucho mucho- contesté.
-Ni me las des- dijo Raúl.
-Bueno cielo, ¿para que me llamabas?- le dije cariñosamente.
-Para escuchar tu voz, ya te echaba de menos. Necesito tu calor, tus labios, tu olor...-dijo haciendo la chica más feliz del mundo.
-Ohhh...Raúl! Que bonito... yo en este momento también necesito un beso tuyo- contesté.
-No te preocupes, vas a tener muchos de ellos. Al final te cansarás de ellos. Te quiero Alicia- dijo mientras colgaba el móvil.

sábado, 20 de noviembre de 2010

CAPITULO 8

Nunca pensé que podría llegar a correr tanto. Sí, me había escapado de los brazos de Raúl. En este instante no podía empezar una nueva relación. Estaba completamente hundida, pero bien bien hundida. No sabía el porque de ello. Me giré medio segundo, vi como Raúl se levantaba de aquel césped verde con cara de decepción. Creo que le había fallado y mucho. Frené el paso. No sabía donde ir, no tenía una amiga ni a nadie a quien poder contarle lo que me estaba pasando.Pensé que la indica podría ser mi abuela. Pegué dos toques a la puerta. Tardaron en abrir.
Apereció el rostro de mi abuela. Me tiré a sus brazos y le di un gran abrazo, es lo que más necesita en este momento.
-ABUELA!- Dije mientras apretujaba a mi querida abuela.
-Hola tesoro.
Mi abuela se dirigió hacia el salón y yo la seguí.
-Cielo, sientate aquí conmigo- dijo mi abuela, mientras daba unas palmadas a un sillón para indicar que me sentará en el.
Así lo hice, me senté en el.
-¿Como estas Alicia?- pregunto mi abuela con mucha dulzura, mientras me daba un beso en la frente.
-No muy bien abuela, estoy hundida, muy hundida- dije a mi abuela que puso cara de tristeza.
Miré de reojo al sillón de mi derecha, pude ver una maleta negra. Me asusté.
-Abuela, ¿de quién es esa maleta negra?- dije muy preocupada, mientras me levantaba del sillón e iba a señalarla.
-Pues es de un chico del pueblo... que ya me ha dicho tu abuelo que os conocéis.-dijo con una amplia sonrisa.
-¿Un chico del pueblo, que yo conozco?-dije mientras señalaba la maleta, y pensaba quien podría ser.
Me vino de repente la imagen de Raúl, pegué un grito.
-¡Oh no! Abuela, no me digas que la maleta es de ¡¿Raúl!?- dijo mientras me ponía las manos en la boca para poder callarme.
-¡Bingo! Sí la maleta es de Raúl, un joven chico del pueblo.- dijo mi abuela.
-¿Pero abuela a que viene con una maleta aquí?
-Pues a que va a ser Alicia, a vivir.
-¿A VIVIR?- sobresalté esas dos palabras como si la vida me fuera en ello.
-Si si, a vivir. Es que su familia está en la ruina, y sus padres son unos grandes amigos que conocemos tu abuelo y yo, desde que ibamos al colegio.
-¿Su familia arruinada?
-Si tesoro, si. A muchas familia de este pueblo les esta pasando desgraciadamente.
-¿Pero Raúl no era el director del colegio del pueblo?- dije esperanzada por la respuesta.
-Pues si, pero eso no es lo único que importa, muchos niños que nacen en este pueblo, se van a la ciudad para tener un educación mejor, y los que se quedan casi ninguno estudia nada importante. Entonces todo los profesores que habían se han ido, ya que no tienen a quien dar clase.
-¿Y que ha pasado con el colegio?- pregunté interrumpiendo a mi abuela.
-Pues que van ha hacer Alicia, la única posibilidad que tienen es cerrarlo.
-¿Como van a cerrar el único centro de educación que hay en este pueblo?
-Pues si, lo van ha hacer aunque todos lo veamos mal- dijo mi abuela preocupada por lo que podria pasar- ya la única gente que queda en el pueblo, es la de nuestra edad.
-Eso es injusto, abuela. No puedo permitir que lo cierren, yo soy profesora podría ayudar en algo, ¿no?
-No losé Alicia, no losé.

En este instante tenía la esperanza de poder hacer algo con mi vida. De ayudar a que no cerrarán un colegio, ya que es un centro de educación y es muy injusto que lo cierren, solo porque la gente quiera irse a la ciudad y lo que se quedan no quieran estudiar nada más importante que cultivar en sus tierras como sus padres.
-¿Bueno Alicia, te pasaba algo cuando has venido?- dijo mi abuela, bajándome de mi nube.
-Pues desgraciadamente si, si que me pasa.-dije mientras mi abuela me cogió de la mano, como solía hacer cuando yo era pequeña para calmarme.
-¿Mal de amores?
-Has acertado.
-¿Quién es?-dijo.
-Pues es.........Raúl.
-¿Raúl? ¿El del pueblo?- dijo mi abuela asombrada.
-Si abuela, ¿que otro Raúl conocemos?
-Ah vale vale.
-En dos dias que nos conocemos, me ha dicho que le gusto mucho.- hize una pausa para ver la reacción de mi abuela. Como ya me lo temía su reacción, fue de preocupación ya que supongo que mi abuela sabia que aquel chico era muy mujeriego-Y nada, le he estado contando que yo no puedo enamorarme de una persona solo por palabras bonitas, que necesito hechos. Yo le he contando "mi historia".
-¿¡Tú historia!?- exclamó mi abuela, que no me dejo terminar la frase.
-Sí abuela, mi historia de Carlos.
-Carlos....- suspiró mi abuela en tono bajo.
-Pues para demostrarme algo, me beso.
-¿Te beso?- preguntó mi abuela en tono de mucha curiosidad.
-Si... pero me fui corriendo y vine a que tu me intentarás aconsejar.
-¿Y que quieras que te diga?- preguntó mi abuela, preocupada ya que no sabía que decirme.
-Tesoro, no te puedo decir que todo va a salir bien. Solo te puedo decir que intentas guiarte por tu corazón el te ayudará a saber que hacer.
-Pero es difícil saber lo que me dice.
-¿Tú, que sientes Alicia?
-Pues que tengo que ir a por el.- dije dándole un abrazo a mi abuela.
-Pues entonces hazlo.
-¿Y Carlos?
-Tesoro, ya sabes lo que ha pasado con Carlos, si estuviera aquí te diría que fueras feliz, es mas el quiere que tu seas feliz. Fíjate como era el antes de estar contigo.
-Losé abuela, losé. Era un drogadicto.
-Sí, pero tu lo ayudaste a salir de aquello ¿O ya no te acuerdas?-dijo mi abuela apoyandome.
-Claro que me acuerdo- dije mientras mis ojos se llenaban de lágrimas.

Pensé que podía hacer, mi corazón decía que le buscará, que le quisiera. Pero mi mente, decía lo contrario.
Mi abuela me hecho aquella mirada como intentado decir: "Tú ya sabes lo que yo pienso, HAZLO".

Así fue me levante del sillón, y me fui a la entrada, cogí me abrigo. Antes de salir de la casa de mi abuela, giré la cabeza y mi mirada fue hacia a mi abuela. Parecía orgullosa de mi. E hizo que siguiera adelante.
Salí de la cara, corrí.
Pensé donde se podría encontrar en ese momento Raúl. Ya lo sabía, EN EL SITIO DONDE NOS HABÍAMOS CONOCIDO. Efectivamente allí estaba, dando vueltas por la pequeña plaza.
Fui sigilosamente hacia él, tapé sus ojos con mis manos. Se sobresaltó.
-¿Alicia?-dijo Raúl, con tono de esperanza.
¿Y quien sino?-dije, mientras le destapaba los ojos.
Se giró, me miró, y nos besamos. Fue el mejor beso que me había dado nadie en esta vida. Se separó un poco de mi, me toco el pelo, y me dijo.
-Aquí empieza una bonita relación- dijo.
-Te quiero- estas palabras salieron de mi boca.




lunes, 8 de noviembre de 2010

CAPITULO 7

Tumbada en el verde césped, Raúl y yo, estábamos teniendo "una pelea" sobre las formas de las nubes. Como pensareis parecíamos críos de 5 años peleándose por cual tazo es mejor.

-Raúl, ya te he dicho que eso es un rinoceronte... no seas cabezota anda- dije mirando y mientras le guiñaba un ojo.
-Nono, yo te vuelvo a repetir que eso es un dinosaurio...- dijo con cara de satifacción al verme sonreír y guiñarle el ojo.
-Bueno, pues como no sea un dinosaurio amorfo... no entiendo porque se parece tanto a un rinoceronte.
-NO! Leches es un dinosaurio y punto.
-Pues no!- dije
-Pues si!
-Vale... pues ahora y no respiro- dije en tono burlón. Inmediatamente cerré la boca y me tape la nariz, mientras Raúl se reía de mi. En seguida me pusé roja como un tomate, y tuve que quitarme las manos para poder volver a respirar.
-¿Has visto? No has aguantado mucho tiempo sin respirar. ¿Sabías que eres muy cabezota, no?- dijo mirandome fijamente a los ojos.
Reí- Sí, efectivamente, mucha gente me ha dicho que soy un poco cabezota.
-¿Solo "un poco"?- dijo Raúl.
-Bueno, vale bastante.- dije entre risas.
-Pero bastante bastante- dijo Raúl sonriendome.
-Bueno vale, ya, tampoco es para tanto- dije medio enfadada, mientras cruzaba los brazos.
-¿Sabías que muchas veces te hago de rabiar, porque me encanta cuando te enfadas?- dijo en aquel tonito, que a veces me desesperaba.
-No, no lo sabía... pero vamos eres más raro que un perro verde.- dije con tono burlón.
-Es que te pones muy sexy cuando te enfadas.- dijo Raúl mirándome de reojo.
-Anda calla calla, que al final te vas a llevar una segunda bofetada mía de recuerdo- dije riéndome.
-No no por favor, otra de tus bofetadas no.- dijo con tono medio asustado medio sabelotodo.
-Vale vale no te volveré a pegar, si no me das razones, claro- dije mientras me reía a carcajadas.

Me empezó a mirar con ganas de decirme algo, pero por su aspecto parecía que no se animaba mucho a decírmelo.
-Raúl ¿quieres decirme algo?
-No... -dijo confuso.
-¿Seguro? Ya sabes que me puedes decir lo que sea- dije mientras le daba palmaditas en su espalda con cariño.
-Bueno en realidad si quería decirte algo... Mira iré sin rodeos. La noche después de que me dieras la bofetada, en mi casa, no podía parar de pensar en ti... ¿sabes? No me sacaba de mi mente tu forma de ser, tu forma de reír, tu forma de sonreiré, tu forma de andar, tu forma tan sexy de cabrearte, tu forma de hablar, tu olor... Eres tan tan guapa y encima por si fuera poco eres un GRANDÍSIMA persona- hizo una pausa para mirarme a los ojos, yo como no estaba sin palabras, asombrada, confusa....- bueno pues ahora ya sabes lo que realmente pienso de ti: "Que realmente me gustas mucho mucho"- con esta frase, terminó de hablar.

Estaba a punto de echarme a llorar, además de lo que me habia pasado con mi madre ahora salia de la nada Raúl diciendome que le gustaba. Realmente no sabía si creerle, ya que lo conocía de dos días. Pero sentí aquella sensación que ya me habia inundado en corazón anteriormente, es aquella sensación que no se puede describir con palabras en la que sientes felicidad y a veces por desgracias también te toca sufrir con ella. Es la sensación llamada: "Amor".

-Mira Raúl, yo ya sé lo que sientes por mí- hice un pequeñisima pausa, y le miré.- Me estas diciendo cosas muy bonitas y cosas que te agradezco profundamente, pero a mi con dos días de conocerme no puedes venir aquí, plantarte en mi vida y decirme que te gusto. A mi todo esto me lo tienes que demostrar con hechos.

-Ya... pero de todas formas tenía que decírtelo ya no aguntaba más sin decírtelo- dijo mientras me miraba con una triste pero profunda mirada a los ojos.
-Vale...-dije mientras paraba porque ya no me salían más palabras.

Creo que Raúl definitivamente se sentía decepcionado. Yo la verdad esque ahora me sentía bastante culpable con lo que acababa de decir, pero ya no podía rectificar y volver atrás. Tenía que ser dueña de mis palabras.

-Yo he sufrido bastante con mis anteriores relaciones Raúl, yo siempre he sido muy enamoradiza y he salido con chicos, con los cuales realmente no sentía nada especial por ellos. Por eso ahora necesito tiempo, para poder llegar a comprobar lo que realmenete siento y sientes tu, por mi - paré y le miré a los ojos intentando sonreirle para poder sacarle un sonrisa a él tambien, pero desgraciadamente no dió resultado.
-Yo también he sufrido, no te creas que eres la única que puede sufrir por amor Alicia... - dijo con cierto tono de tristeza.
-No me creo la única del mundo que ha sufrido por amor,pero yo he sufrido "demasiado" por este tema...- no pudé continuar, pero una lágrima se deslizó lentamente por mi mejilla derecha e hizó que se hiciera un silencio en la conversación.
-Alicia.. porfavor no vuelvas a llorar, me haces daño. A veces pienso que el que te hago llorar soy yo- dijo tristemente.
-No Raúl no. No creas eso, porque estas muy equivocado- dije mirándole con mucho dolor en los ojos.
-¿Y entonces realmente que te pasa?
-Mira te lo contaré-dije mientras lloraba y lloraba. Yo "he tenido" una pareja hace poco, exactamente hace un mes y medio. Yo estaba fenomenal con el. El me hacia sentir la mujer más féliz, el me enseñó a volver a ser fuerte, a volver a vivir, a poder volver a respirar... y puso un nuevo ser en mi vientre.-hice una pausa y miré a Raúl, estaba boquiabierto creo que lo dejé sin respiración por primera vez. Me miró con cierta curiosidad, y me hizo un gesto para que continuará contándole.Y seguí hablando. Sí estaba embarazada de él. Todo era perfecto, yo me tropezaba y él estaba ahí para sujetarme... el tenía un sueño, y yo le daba esas palabras de aliento que tanto necesitas para poder conseguirlo. Nos anudábamos mutuamente. De veras, no se si sería mi media naranja... porque eso no existe, por lo menos es lo que creo yo. Pero era una persona que me llenaba tanto tanto... que me hacía realmente FELIZ- resalté esta palabra como mi típico moviemiento de manos.
-Bueno y esto es un historia feliz ¿no? que tiene que ver con que hayas sufrido mucho por amor....- dijo Raúl con una mirada escalofriante.
-Pues no Raúl, desgraciadamente no es una historia féliz. Porque no termina este relato aquí, aún falta lo peor.
-Cuentamelo- dijo.
-Si...-dije dudosa. Un día mi padre se puso muy enfermo y tuve que ir a mi pueblo para ir a cuidarlo y asi ayudar a mi madre. Mientrás estabamos en el viaje de ida, paso algo horroroso. Era un dia lluvioso y hacía demasiado frío para aquella época. Este chico, conducía muy bien. Pero el suelo estaba resbaladizo y... cuando menos nos lo esperábamos, de repente vino un coche de frente, que por la lluvia no vimos. Se estampó contra nosotros- dije mientras lloraba como una descosida, miré a Raúl tampoco tenía una buena cara, parecía que de veras la historia le había dolido mucho- Todo fue por la maldita lluvia. Mi novio se murió en el acto. Yo le estaba intentado reanimar pero no dio resultado. Yo simplemente no podía mover las piernas y en cinturón casi no me dejaba respirar. Cuando llegó la ambulancia ya era demasiado tarde. Lo metieron en esa terrible y horrible bolsa de plástico gris, mientras estaba tumbado en el suelo mojado mientras diluviaba. Ami gracias a dios que me pudieron rescatar aunque se me rompió una muñeca y tuve un esguince y no muchas más cosas, excepto que a mi "niño" al niño que llevaba dentro de mi vientre lo perdí para siempre...
-Lo siento mucho Alicia... no me temía que tu historia fuera tan tremedamente triste...- dijo Raúl mientras me miraba con una mirada de dolor... que me hizo estremecerme.

Se acercó a mi y me plantó un beso. Un beso magnífico.

viernes, 5 de noviembre de 2010

CAPITULO 6

Sentí aquella sensación que todos seguro que habréis sentido. Es la sensación de cariño, de confianza, de ternura... aquello que te hace estremecer. Raúl aun seguía abrazándome, habían pasado dos minutos o más y seguía abrazada a él ,como si me hubieran pegado con pegamento extra fuerte... Llegó el momento en el que al final me tuve que separar de él. La verdad me sentía mucho mejor. Aquello hizo que volviera haber el sol...
-Muchas gracias... Raúl- dije e inmediatamente hice una pausa.
-¿Se puede saber, que te ha pasado para que tu bonita cara se llena de tristeza y lágrimas?- dijo mientras me acariciaba suavemente la mano.
-Bueno... es difícil de contar, además no quiero aburrirte con mis problemas.- dije mientras miraba sus ojos, a sus preciosos ojos.
Se calló durante unos segundos, parecía un poco decepcionado.
-¿Pero ya sabes que puedes confiar en mi, no?- dijo con ternura.
-Claro que losé.
-Ahora mismo verás aun chico joven, a un chico tipo chulito y mujeriego. Pero Alicia, te diré un verdad lo que ves solo es mi exterior. Si llegas a mi interior conocerás muchas mas cosas, que no serán simplemente la chulería.Por eso, te aconsejo que me des una oportunidad y que llegues a concerme...-dijo, y me quede asombrada.
Me quedé con la boca abierta... estaba totalmente aturdida con lo que me acababa de decir Raúl. Si que es verdad que lo primero que vi en él era un chico joven, con su asombroso físico, que habría tenido chicas para un regimiento entero y que su chulería me sacaba muchas veces de quicio. Pero también era verdad, que lo segundo que vi en el, fue un chico sensible, muy muy cariñoso, tierno y dulce.

Lo único que puede hacer en ese momento fue darle un segundo abrazo. Esta vez duró poco.
-Claro que te voy a dar un oportunidad Raúl... ¿como no lo voy ha hacer, con todo lo que me has transmitido?- dije con una sonrisa en la cara.
-Muy bien, ahora que somos "amigos" te voy a confesar, que mientras llorabas me has llenado la camisa de lágrimas.- dijo mientras reía entre dientes y con su típica sonrisa.
-Jajaj que gracia, que tiene ¿no?- dijo mientras se me iba la sonrisa de la cara.
-No te enfades guapa, es solo una broma- me dijo mientras me cogía de la cintura y me acercaba poco a poco a él y me dio un beso en mi mejilla derecha.
-Bueno, pero un consejo si quieres empezar por buen pie te daré un consejito, las bromitas conmigo no valen, ¿vale?- dije firmemente.
-Vale, tomaré nota de ello.-dijo cariñosamente.
-¿Podemos dar un paseito, Raúl?-dije, mientras me levantaba del banco, y quitaba con cariño, las manos de Raúl de mi cintura.
-Perfecto, necesito moverme un poco.

Fuimos caminando lentamente. Pasamos por pequeñas y estrechas calles, todas eran muy cucas.
-¿Estás mejor, Alicia?- dijo Raúl.
-Se podría decir que un poco mejor... es que me ha pasado algo muy duro.- dije con mucha tristeza.
-¿No me digas, que tienes un novio y te ha dejado?- dijo sonriendome.
-Raúl....!-dije enfadada.
-Vale, vale.. contigo bromas pesadas NO. Bueno pues cuentame lo que te ha pasado preciosa.- dijo con una sonrisa preciosa en su cara.
-Muy bien, veo que vas aprendiendo la lección pero aplícatela, ¿eh? Bueno, pues cuando me he despertado esta mañana he recibido una llamada de mi madre. Desde un tiempo tenia dificultades para respirar, tenia mucha tos... bueno, fue varias al médico pero no le diagnosticaron nada grave. Pero al final decidió ir a un especialista y bueno tiene..
-CÁNCER- dijo Raúl sin dejarme acabar.
-Si... ¿cómo lo sabías?- dije asombrada mientras le miraba.
-Mi abuelo se murió por cáncer de pulmón- dijo casi llorando.
-Oh lo siento mucho Raúl, no lo sabía.- dije intentando consolarlo.
-No te preocupes, pasó hace muchos años. Yo era un crío de 14 años cuando el murió. Estuve mucho tiempo llorando y sin hablar con nadie.
-¿Querías mucho a tu abuelo, no?- dije mientras le pasaba mi brazo por su hombro para consolarle.
-Claro que lo quería. Era la persona, con la que podía hablar sin problemas, con el pase muchas tardes desahogándome por desamores y por muchos mas problemas. Pero lo tengo asumido.
-Te entiendo perfectamente.- dije mientras me caían lagrimones por las mejillas.
-No llores por favor.  Me rompes el corazón si lloras y mas si es por mi culpa.- dijo mientras me cogía, y apoyaba mi cabeza en su pecho, abrazándome.
-No es tu culpa, son también cosas mías... no estoy pasando por un buena etapa.-dije mientras estaba acomodandome al pecho de Raúl.
-Parece que te ha pasado algo más en tu vida, ¿no?- dijo preocupado por mi.
Se hizo un silencio atormentador. No quería hablar de ello. Raúl evidentemente lo notó, pero no se enfadó. El abrazo duro mucho. Después de eso cambio de tema, y seguimos andando.
-Ahora te voy a llevar a un sitio que te va a gustar mucho- dijo mirando y cogiéndome de la mano.
Cogí su mano con mucha fuerza y salimos corriendo hacia un sitio mejor, mejor para los dos.

jueves, 4 de noviembre de 2010

CAPITULO 5

Tal y como había pensado aquella risa picarona se borró de su cara. Yo no podía parar de reírme, pero sus ojos impactantes mirando a los mios, hizo que parará de reír. Sí, efectivamente acababa de darle una bofetada a Raúl. No me importaba mucho como reaccionaría. La verdad creo que se quedo sin palabras.
-¿Tu no te cortas nada, eh? Vamos si a ti te apetece pegarme pues me pegas. Que chica más valiente que eres.- dijo Raúl mientras tenía sus manos en mi cintura.
-No, no me cortó en nada, ¿algo que alegar?. Y sí, si me apetece algo lo hago, a eso se le llama un chica impulsiva, no valiente. Aunque valiente lo soy, cuando hay que serlo.- dije mientras intentaba quitar las manos de Raúl de mi cintura, aunque no tuvo ningún resultado, él no quito sus manos de mi cintura.
-No nada que alegar, señorita. Me parece genial que seas impulsiva, me encantan las chicas que hacen lo que quieren cuando quieren. Pero, a veces no hay que ser valiente- dijo agarrándome más fuerte de la cintura, mientras se acercaba a mi, poco a poco.
-Pues yo odio a los chicos que lo creen que lo saben todo el primer día que conocen a alguien, y que son unos chulitos mujeriegos, que cambian de chica como de calcetines, ¿te queda claro? ¿es que acaso te tengo que tener miedo?- dije, cuando porfin pude quitar sus manos de mi cintura, y mientras daba dos pasos para atrás.
-¿Piensas que soy así?- dijo mientras veía como me separaba de el suavemente.
- Sí lo pienso, ¿es que acaso no es verdad?- dije.
-La verdad es que no te puedo llevar la contraria en eso, pero puedo cambiar- dijo mientras finalmente se dio la vuelta y se fue.
Me quedé mirando como se alejaba. No sabia como actuar, otra vez. Me quedé en estado de sock.
Me senté en un barco, que gracias a dios tenía cerca de mi, en ese instante. Decidí volver a mi pueblo y mañana volvería para poder ver a mi abuela.
Llegué a mi casa agotada, había sido un día largo, duro y muy movido. Me quedé dormida en el sofá, me despertó el ruido del teléfono de casa. Serían las 10 de la mañana, lo averigüe por los rayos del sol, que entraban al salón.
-¿Digame?- dije cuando contesté al teléfono.
-Hola hija, soy yo-dijo mi madre.
-Hola mamá, ¿que tal todo por allí?- dije.
-Tirando... pero no me puedo quejar la verdad es que todo bastante bien. ¿Y tú?- contestó mi madre.
-Muy bien mamá, me estoy adaptando bastante bien a este pueblo. Por cierto ayer fui a ver a los abuelos.-dije
-¿Así? Que bien cariño, y ¿como están?- dijo.
-El abuelo fenomenal y a la abuela no la pude ver, voy a ir hoy haber si puedo verla, ya que ayer no estaba en casa - dije mientras miraba por la ventana el magnífico día que hacia hoy.
-Ah vale, muy bien cariño.- dijo
-Mamá te noto rara, ¿pasa algo?- contesté angustiada por la voz de mi madre.
-Bueno... te llamaba para decirte que me han dado los resultados del médico - dijo casi llorando y con tono de asustada.
-¿Y que dice, los resultados?- dije mientras no paraba de moverme de un lado a otro del salón.
-Que al final si que tengo cáncer...- dijo mientras lloraba.
Se me calló una lágrima por la mejilla, no me podía creer lo que acaba de escuchar.
-Cariño, ¿estas ahí?- dijo mi madre por el teléfono.
No puede responder, simplemente colgué el teléfono sin despedirme. Estos son esos momentos en los que necesitas a alguien que te consuele, que te ayude a levantarte de aquel gran tropiezo. Pero como en ese momento no tenía a nadie, tuve que levantarme yo sola ,aunque no lo conseguí.
Salí corriendo de mi casa. Sin mi bolso, simplemente llevaba mi chaqueta en la que llevaba mi móvil, unos pañuelos y alguna calderilla del día anterior.
Cogí el primer autobús, y fui otra vez a casa de mis abuelos necesitaba apoyo. Cuando llegué pasé por la plaza del día anterior, en la que debería encontrarse Raúl pero no estaba. Me senté en aquel banco frío rodeado con hojas que se había caído de los árboles. No podía para de llorar, hasta que sentí que algo me tocaba el hombro. Me giré, y vi a Raúl.
-¿Qué te pasa preciosa?- dijo mientras se sentaba junto a mi.
Lo miré fijamente a los ojos y le abracé fuertemente. Mientras él me acariciaba el pelo y me consolaba. Había conseguido alguien que me levantase de aquel tropiezo y ese era Raúl.

miércoles, 3 de noviembre de 2010

CAPITULO 4

Di un pequeño impulso mientras estaba sentada en aquella silla vieja, me sobresaltó el timbre de la casa de mis abuelos. Raúl como no, seguí mirándome. No teníamos mucho tema de conversión. Mi abuelo fue a abrir, la puerta. Pensé que sería mi abuela, pero me equivoqué, era el cartero. Mi abuelo supuso que mi abuela estaría comiendo en casa de Pepa, un gran amiga suya.
-Abuelo, si la abuela no va a venir a comer, porque no vamos comiendo nosotros?
-Está bien, la prepararé. Vosotros quedaros aquí hablando, vale?
Dudé un poco en decir que si, pero al final dije que si.
-Bueno... y en que trabajas?- es lo primero que se me ocurrió decir para romper el hielo.
El seguía mirándome, y yo me sentía "nerviosa", si, se podría decir que nerviosa.
-Pues soy profesor. ¿Y tú?- dijo orgulloso de si mismo.
Me quedé asombrada, trabajaba en lo mismo que yo. No me podría creer que este chulito, diera educamiento a niños.
-Pues en lo mismo que tú, majo.- dije sonriendo forzadamente.
-¿En serio? Mira tu que bien, soy el subjefe del colegio del pueblo, si quieres podría darte un trabajillo.- dijo
-Creo que no necesito nada tuyo...- dije mientras me salia humo por las orejas.
Por una extraña razón este chico me sacaba de mis casillas, y no sabia comprender el porque.
La comida fue muy amena. No hablamos mucho durante la comida, lo único que sabía más era que tenia un año mas que yo, y que no "por ahora" no tenía novia.
-Bueno abuelo, me tengo que ir. Tengo que volver a mi pueblo, y hacer muchas cosas- le dije a mi abuelo, mientras cogía y me ponía me chaqueta.
Le di un beso, y fui hacia la puerta. Como no, Raúl también se iba. Salimos por la puerta juntos.
-Bueno, desde cuando conoces a mi abuelo?-le pregunté a Raúl.
-Pues desde que nací, es un gran amigo de mi padre.- dijo, mirando a los ojos.
-Ah vale vale- le contesté.
-Bueno, ¿y tu tienes novio?- me preguntó con su sonrisa picarona.
-¿Y eso, que te importa a ti?- le dije medio cabreada.
-Solo es curiosidad. Pensé que una chica como tú, ya tendría una pareja- dijo
-¿Una chica como yo?- pregunté con cierta curiosidad.
-Si, una chica como tu, tan inteligente, tan alegre pero con ese genio, y sobre todo tan guapa.- dijo
-Bueno, tampoco me hagas tanto la pelota- dije acalorada y roja como un tomate.
-No, no es hacerte la pelota, es la pura verdad- dijo mientras me miraba serio.
Se hizo un silencio, y bueno seguí caminando, y él se quedo un segundo parado, pero aun así, siguió caminando conmigo.
-La verdad es que no te veo como profesor- dije con una sonrisa graciosa en la cara.
-Bah, pues yo la verdad tampoco te veía como profesora- dijo entre risas.
-Una verdad, es que a veces me encantaría borrarte esa sonrisita de tu cara- dije mientras le miraba ya que lo tenia en frente mía.
-Pues borrala, tu puedes hacerlo, ¿no?- dijo mientras se acercaba despacito a mi cara, y acercándose demasiado a mis labios.
Estábamos a 2 centímetros una boca de otra, pero yo no quería besarlo, y lo único que se me ocurrió fue:
PLAFF!-este es el sonido que se escuchó cuando le puse toda mi mano derecha en su mejilla izquierda.
Se puso corriendo la mano en su mejilla, y me miro asombrado. Mientras yo me reía entre dientes.

martes, 2 de noviembre de 2010

CAPITULO 3

-Hola, ¿me podrías indicar donde esta la salida del pueblo?- dijo una voz que no conocía de nada.
Esta frase fue la que me despertó de mi sueño, si, de mi sueño, estaba sentada en el banco de la plaza, media dormida, mientras me daba el sol en la cara, y oía el agua de la pequeña y antigua fuente.
-La verdad es que no se donde es, llevo muy poco en este pueblo, siento no poder ayudarte- dije intentando ser amable, mientras le miraba a los ojos.
-No pasa nada, gracias de todas formas...- dijo el joven.
Se dio media vuelta, y volvió por donde habia venido. Pensé en visitar a mis abuelos, vivían un poco lejos, tendría que coger el autobus, pero no me importaba lo importante, era que, tenia mucha gana de verlos.
Directamente y sin pensarmelo dos veces, fui a la parada del autobús, que estaba muy cerca, ya que el pueblo se podria decir que era pequeño, muy pequeño.
No sabía ni que autobus coger, ni la parada en la que tenía que bajar, pero aun asi, me subí en el primer autobus, que llegó a la parada. Paré en una parada, en la que había una calle que me sonaba mucho. La verdad, no sabia bien donde estaba. Llamé a casa de mis abuelos, para  avisar de que iba para alla. No me lo cogian. Yo seguí mi camino. Pase por una plaza, que creo que ya la habia pasado unas mil veces, en la cual habia unos bancos, y en uno de ellos, estaba sentado un chico supongo que seria de mi edad, que me miraba cada vez que pasaba por la plaza, una y otra vez.
Supongo, que a las décima, o novena, vez que pase, el se levantó y se aproximó hacia ami.
-Hola, ¿quieres que te ayude?- dijo con tono sabelotodo.
-Hola.. esto, no no hace falta- dije con tono de enfadada, la verdad no tenia ganas de hablar con nadie desconocido, y menos con un chulito.
-Ah bueno, lo siento, como te veia un poco perdida, pensé que podría ayudarte- dijo con una sonrisa en la cara.
-Pues creo que pensaste mal, yo no estoy perdida, solo un poco desorientada.- dije firmemente.
-¿Y "perdida y "desorientada", no es lo mismo?- dijo mirando a los ojos, con aquella sonrisa picarona que me estaba sacando de quicio.
-No, no es lo mismo... al menos para mi, no lo es -dije cortándole el rollo.
-Bueno, bueno, no te enfades, solo quería ayudar- dijo.
Me di media vuelta, y mee fui, otra vez por la misma calle, pero aquel chico me estaba siguiendo. Aceleré el paso, para perderle. Pero no lo conseguí, seguía detrás mía. A lo lejos, vi una sombra, que se parecia mucho a...
-ABUELO!- dije mientras corria hacia el.
-Mi preciosa nieta!-dijo.
-Hola abuelo, vengo a visitaros, ¿ya sabes que estoy viviendo en el pueblo de al lado, no?
-Si, ya me lo dijo  tu madre, ayer.
-Pues vamos a ver a la abuela.- dije mientras le abrazaba.
El chico seguia mirandonos, y me abuelo de repente dijo:
-Raúl! Ven a comer, con mi nieta, y con mi esposa, a mi casa.
Me quedé alucinada, en realidad, mas que alucinada...
-Abuelo? Le conoces?
-Claro que si, cariño, es el hijo, de un gran amigo mio, del pueblo. Hace muchos años que conozco a sus padres, ibamos juntos al colegio del pueblo.
Ese tal "Raúl" se acercaba a nosotros, y yo estaba que echaba chipas. Saludó a mi abuelo, y a mi me miró con una mirada misteriosa.
-Te lo presento Alicia, el es Raúl, y esta es mi nieta Alicia- dijo mi abuelo Paco, mientras me besaba la frente.
-Ya la conozco, Paco, la acabo de conocer en la plaza, como pensé que estaba un poco perdida, ya que paso por el mismo sitio unas diez veces... pues intenté ayudarla, pero me parece que no le sentó muy bien mi ayuda- dijo Raúl.
-Ayy que genio y que despiste que tiene mi querida nieta- dijo mi abuelo riendose a carcajadas.
Mientras ellos dos se reian, a mi no me hacía ninguna gracia, se estaban riendo de mi...aunque no me enfadé con ellos, por lo menos con mi abuelo no, sabia que el no lo hacia con mala intencion. En cambio con Raúl, no me sentó tan bien. Fuimos andado, y entramos por la enorme puerta, de la casa de mis abuelos.
Sentí aquel frío que sentias, por ejemplo, cuando entrabas a una iglesia, esa sensación de fresco, pero que es agradable. Nos sentamos alrededor de la mesa, mientras, Raúl no me quitaba ojo. Me sentía observada, aunque me gustaba.

viernes, 29 de octubre de 2010

CAPITULO 2

El cantar de los pájaros, los indefensos rayos del sol, el ruido de las hojas de los árboles... todo esto, contemple mientras desayunaba en la pequeña terraza, la de la noche anterior. Todo parecía diferente, sería porque vine muy tarde anoche, y con la oscuridad no se podía apreciar, las maravillosas vistas de la terraza.
Estaba en el pequeño pueblo de Cenes, en Granada. No había mencionado ni mi nombre ni mi edad, tengo 24 años, y me llamo Alicia, si Alicia García. No era una chica de gran físico, pero la gente decía que tenía un buen corazón, aunque no me lo llegaba a creer mucho. Acaba de venir de la gran ciudad de Alicante, no era un ciudad que me entusiasmará, pero bueno era la ciudad donde nací, mi ciudad. Aún no puedo contar el porque, de mi cambio de un ciudad a un pequeño pueblo de Granada. Desayunaba una tostada con mantequilla, y un vaso de zumo de naranja. No era una chica de desayunar mucho, a esas horas de la mañana, casi nunca, tenía hambre aunque, debía comer, durante el mes tan duro, había adelgazado 8 kilos, y según mi madre, ya estaba en los huesos. El zumo de naraja, ya me lo tomaba por costumbre, mi madre desde hace unos cuantos años habia hecho que me lo tomase todas las mañanas, ya que, la vitamina C, era muy importante. Como vereis, mi madre me cuidaba y quería mucho, si, por lo menos tenía alguno bueno en mi vida, mi madre. Desde pequeña me enseñó muchos valores, por eso tal vez, en este momento este saliendo adelante. Había estudiado la carrera de magisterio, no era uno de las que más me apasionaba, pero me gustaba poder enseñar a las nuevas generaciones. La verdad no había ni pedido plaza para el pueblo, por lo que seguramente me quedaría sin trabajo, un temporadita. Ese pensamiento, no me hizo bien. Recogí y llevé toda a la cocina, la casa no era muy grande, era de mi bisabuela, si, tenia muchos años, pero bueno en tiempos anteriores, la habíamos arreglado unas cuentas veces, sino ahora mismo estaría derrumbandose. Os explicaré como era la casa, cuando entrabas, había un pequeño pasillo y a mano izquierda estaba la cocina, era grande, como me gustaban a mi las cocinas. Después por el pasillo a mano derecha, tenías un pequeño aseo, al final del pasillo estaba el comedor, que como sabréis ya, que tenía la terraza. Del comedor, salia un pasillo, que estaba por la izquierda, que tenia dos habitaciones, una era la mía, y la otra me la puse como despacho, para poder trabajar augusto, aunque podría haber puesto alguna cama y haber hecho otra habitación para invitados, pero creí mejor querrá hacer un despacho, mi nuevo despacho.
Dentro de  mi habitación, había poco mueblaría, solo una cama como un cabecero un baúl a los pies de la cama, dos mesitas de noche, una mía, y la otra estaba vacía, un armario antiquísimo, y una gran ventana, con hermosas vistas.
Pensé que sería bueno, vestirme, y darme una vuelta por el pueblo, ya que como dije anoche,que hacia mas de 7 años que no venía por aquí. Y eso hice, me vestí con lo primero que pillé de mi maleta, ya que aun no había colocado todas mis cosas; y salí por la puerta, mientras cogía del perchero mi chaqueta, y mis llaves.
Era casi invierno, faltaban cerca de 2 semanas, para que llegase la deseadas fiestas por todos lo niños, las de Navidad, unas fiestas que son familiares, y acogedoras, aunque creo que yo este año por mi desgracia no pasaré unas muy buenas navidades. Caminaba por la pequeña cuesta, pero que era alta, hacia la plaza mayor del pueblo. La gente me saludaba cordialmente:
-Buenos días, señorita - me decían unas viejecitas sonriendome que estaban sentadas en el portal de una casa.
- Buenos días- dije yo, devolviéndoles la sonrisa.
Seguí caminando... ya me empezaba a gustar este pueblo, ese ambiente familia que te acoge nada más llegar. En un día este pueblo, hizo que me sintiera como en mi casa.

CAPITULO 1

Mientras miraba al cielo, andé hacia mi camino. En la oscuridad escuchaba una y otra vez su voz. No podía imaginarme una vida sin él... Estaba triste y decepciona al mismo tiempo. Se había ido, sí, para siempre.. no sabía ni que hacer, ni que decir, si llorar, o reír; lo único que sabía es que iba a sufrir mucho.
Llegué por la oscuridad, a la pequeña casa del pueblo. Pasé el jardín, y saque las llaves de mi bolso. Entré con la cara llena de lágrimas, y mirando hacia el suelo. Miré hacia arriba, y apreté al interruptor de la luz. No me acordaba de la casa , es mas, hacia más de 7 años que no venía por aquí. Estaba en Granada, si, como no, el lugar de mis sueños. Salí a la terraza del comedor, y me senté en el pequeño balancin, que había, me recordó cuando venia aquí con mi familia, a pasar las fiestas. Venía de frente un aire frío, pero reconfortable , de esos que te ayudan a despejarte, y que te animan a seguir. En ese momento sonó, un ruido, el ruido del teléfono de la casa, puff sonaba antiquísimo. Contesté:
-Dígame.
-Hola cariño, soy yo.
-Hola mamá, ¿como estas?
-Eso te lo debería de haber preguntando yo, hija mía.
-No te preocupes mamá estoy mejor, ya veras como me recuperó. Solo son unas pequeñas rozaduras, y la muñeca rota... -dije con voz dulce, para poder animar a mi madre.
-¿Como que no me preocupe hija? Acabas de pasar el peor momento de tu vida, ¿y dices que no me preocupe? -dijo angustiada
- Bueno mamá, prefiero no hablar del tema- dije mientras caía una lágrima por mi mejilla.
-Bueno, vale, acuerdate que si quieres algo puedes ir a casa de los abuelos, te pilla muy cerca.
-Ya losé mamá, no te preocupes.
-Vale cariño, cuidate mucho, adiós- dijo con tono cariñoso.
Colgué el teléfono. Me quité los zapatos, y los deje por medio del salón. El desorden es uno de mis muchos defectos. Caminé descalza hacía mi habitación, allí me quité mi ropa, y me puse mi pijama. Me tiré hacia la cama, estaba rendida, me dormí mientras pensaba en todo lo que me sucedió en un mes atrás, aquel desastre que arruinó mi vida por completo. Me quedé dormida en seguida, el viento que azotaba mis cabello castaños, el olor a madera recién quemada, el ruido de los árboles, a causa del viento, también fueron los que me ayudaron a dormirme. La luna llena, estaba puesta en aquel cielo oscuro negro, con las estrellas, que brillaban como pequeños diamantes. A partir de aquí empezaba un nuevo camino, un nuevo destino...